Primero analizamos. Después actuamos.
El agua puede verse limpia y no serlo. Por eso antes de intervenir, la estudiamos.
Realizamos toma de muestras en la infraestructura existente de cada comunidad — cisternas, aljibes, pozos — para su análisis fisicoquímico y microbiológico en laboratorio.
Los resultados no se quedan en un informe técnico: se comparten con la comunidad en una charla abierta donde se explica qué significan para la salud y se debaten juntos los pasos a seguir. La comunidad conoce su agua, entiende el problema y participa en las decisiones sobre cómo resolverlo.
Esta información también nos permite cotejar los resultados con análisis posteriores a la ejecución de los sistemas de mejora y tratamiento, midiendo su eficacia real.
$15.000 ayuda a proveer agua segura a una persona durante un año
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