Desde 2016, Fundación Aguas trabaja para garantizar el acceso al agua segura en comunidades de todo el país, especialmente en zonas rurales afectadas por la escasez y la contaminación.

Su trabajo se apoya en cuatro ejes: educación y concientización sobre el cuidado del agua, análisis de la calidad del recurso, infraestructura y tecnología adaptada a cada comunidad, y fortalecimiento del desarrollo comunitario para sostener las soluciones en el tiempo.

Por estos días, la Fundación está terminando una obra en la provincia del Chaco. Para conocer en detalle esta labor, se dialogó con Víctor Jordán, coordinador de proyectos de la organización.

Cómo nació la Fundación

Fundación Aguas surgió como una rama de otro proyecto social enfocado en la soberanía alimentaria —huertas escolares en todo el país—, fundado por Felipe Lobert. En muchos lugares, la falta de agua hacía inviables esas huertas.

Al toparse una y otra vez con esa problemática, el equipo entendió que el tema del agua merecía un abordaje propio y particular. Así, en poco tiempo, se desarrolló lo que hoy es Fundación Aguas.

Un enfoque basado en el derecho humano al agua

La organización adoptó los estándares internacionales de Naciones Unidas sobre el derecho al agua, proclamados a partir de 2010: acceso a agua de calidad, que no dañe la salud e hidrate correctamente.

Trabajan también por la accesibilidad: que el agua no impacte en la economía familiar o institucional por encima del 3% de los ingresos, que la fuente esté a menos de 1.000 metros de distancia, y que su recolección no insuma más de media hora por día. La estrategia se centra en escuelas rurales y centros de salud como núcleos de distribución comunitaria.

Generando datos donde no había información

Uno de los mayores aportes de la Fundación fue el mapeo y análisis de fuentes de agua en las provincias más críticas —Chaco, Salta y Santiago del Estero—, donde la falta de datos oficiales suele dificultar el diagnóstico. La organización ya analizó más de 600 muestras, en su mayoría con información propia, ya que la calidad del agua puede variar mucho según la ubicación geográfica y las prácticas locales.

Agua, género e higiene menstrual en Chaco

La obra que la Fundación está terminando en Charata y Las Breñas, Chaco, cuenta con el apoyo financiero de las embajadas de Nueva Zelanda, Canadá y Australia. El proyecto incorporó una dimensión poco visibilizada: el impacto de la falta de instalaciones adecuadas en la asistencia escolar de niñas y adolescentes durante su período menstrual.

En diálogo con UNICEF, la Fundación empezó a relevar condiciones concretas en los baños escolares: si tenían puertas con traba, tachos con tapa, un perchero. Al sumar esas preguntas, las estadísticas cambiaron radicalmente: de un porcentaje cercano al 50% de baños en malas condiciones, encontraron que superaba el 80%.

El proyecto alcanzó a tres escuelas de la zona, una de ellas de una comunidad mocoví. En algunos casos se mejoraron los espacios de higiene y se dictaron talleres; en otra, se construyeron baños desde cero. La Fundación describe la inauguración de esos baños y la recepción de la comunidad como un cambio radical.

La cosecha de agua de lluvia como alternativa sustentable

Frente a las realidades climáticas y geográficas de cada provincia, la recolección de agua pluvial es una de las soluciones más eficientes y de menor costo operativo. Incluso en regiones con cursos de agua superficiales abundantes, como Misiones, muchas veces esa agua no es apta para consumo masivo.

Cisternas cerradas, con tapa, permiten practicar una cloración controlada y así garantizar una fuente de agua segura y sustentable — ya sea en Chaco, Salta o Misiones.

Para sostener este trabajo, Fundación Aguas invita a sumarse como aportante mensual a través de su sitio oficial, fundacionaguas.org, y sus plataformas digitales.