Melisa Lorenzetti tiene 33 años. Hace nueve que es docente en escuelas de comunidades originarias. Vive en Quitilipi, Chaco.
Desde 2025 trabaja en la Escuela de Educación Primaria N.° 1033, en Colonia Aborigen Juan Larrea. Una comunidad mocoví, a 53 kilómetros de Charata. Este año, además, asumió como directora suplente. A esa escuela asisten 48 chicos y chicas de 21 familias que viven del trabajo en el campo.
Antes del agua segura
Hasta 2023, la falta de agua marcaba el día a día de la escuela.
Las madres tenían que traer agua en bidones desde otros parajes para tomar, asearse y usar los baños. Algo especialmente duro en los días de más de 38°C.
Los baños eran letrinas con puertas rotas por donde se colaban animales. Hubo episodios con víboras. El temor a los alacranes era constante.
Para las chicas, la situación era más dura todavía.
Muchas preferían faltar a clase cuando menstruaban antes que higienizarse en esas condiciones. El tema era un tabú tan fuerte que ni siquiera se hablaba entre madres e hijas. Por vergüenza a decirlo en voz alta, muchas pedían una toallita con señas.